
¿Por qué no? Esa maravillosa nasalidad y esa garganta que se sofoca ante las amorosas palabras son fantásticas; ¿Cómo no rendirse a así a los pies de este lenguaje tan bonito y lleno de sentimientos?. Caballos galopantes de tierras lejanas que asombran con su hermosura, palabras tan sofisticadas que provienen de la pluma shakespeareiana o la investigación proustiana.
Si con nuestros niños nos comunicamos con palabras bonitas, ellos mismos se sienten mucho mejor, más seguros, mas queridos. Ellos mismos posteriormente en sus relaciones también comunicarán sus sentimientos y emociones así a todos sus iguales, en su entorno, en la guardería, en el colegio, con sus grupos de amigos.
Sí, todo eso es hermoso. Exuberante. Sin embargo, no hay manera de renunciar a nuestra lengua madre; por mucho que a veces la miopía de lo extraño nos impida vislumbrar la magia de lo propio, reconocer que nuestra identidad lingüística lo tiene todo para competir con cualquier otro código de comunicación, el español es uno de los lenguajes más poderosos en el planeta Tierra.
“Nuestra identidad lingüística lo tiene todo para competir con cualquier otro código de comunicación, el español es uno de los lenguajes más poderosos en el planeta Tierra”.
Creo que en buena medida, una consciencia sobre la sonoridad y la significación de palabras bonitas; amplia su vocabulario, generan la emoción de la alegría y hace que los niños sean felices y también se lo hagan sentir a los demás. Comunícate con cariño, paciencia y alegría, te hará sentirte bien y también lo transmitirás, ya sea por sus letras, por sus sílabas o por el concepto que encierran.










Deja un comentario